Memorias de la Fundación Pluma

En el invierno de 1992.

Homenaje a ERNESTO - DIEGO - NORA, CARLOS y a todo el equipo que durante dos décadas garantizó la digitalización del Archivo de la corriente trotskysta fundada por NAHUEL MORENO.

En el invierno de 1992, mientras tomaba una carpeta de un cajón de su escritorio, Ernesto González me dijo: “Tengo algo que mostrarte”: en la carpeta había algunos apuntes sobre la historia de la corriente trotskista fundada por Nahuel Moreno en 1943. El Movimiento Al Socialismo (MAS) de Argentina, acababa de dividirse. Dos años exactos antes y apenas un años y medio después de la muerte de Nahuel Moreno, se había retirado la Juventud y un grupo de cuadros obreros, para fundar el PTS (Partido de Trabajadores Socialistas). Salvo una experiencia en Sri Lanka/Ceylán de los años 40 del siglo pasado, en ningún país del mundo los troskos habían logrado ser la organización más importante de la izquierda marxista superando la dimensión y trascendencia del estalinismo y las posibilidades que esa situación abría se estaban desmoronando “a ojos vista”. Desde entonces veníamos conversando con Ernesto González la importancia de poner en conocimiento de las nuevas generaciones militantes lo extremadamente difícil que era construir un partido político de tipo revolucionario que pudiera establecer un diálogo íntimo y profundo con la clase trabajadora. La ruptura MAS/MST, que anticipaba una evidente debacle después de medio siglo de esfuerzos, lo decidió a encarar la tarea. A partir de ese momento y hasta su muerte en 2007, también en invierno, Ernesto González se dedicó tenazmente a trabajar por ese propósito. Lo acompañé todo ese trayecto y al equipo de investigación y redacción de los textos de la Historia del trotskismo obrero e internacionalista en Argentina se incorporaron desde el primer día Diego Arguindeguy y Hernán Camarero. Cierto tiempo después se sumó Alejandro Schneider. Los primeros cuatro tomos se publicaron entre 1995 y 1999. En 2006 se publicó un quinto tomo, con un equipo en el que ya no estaban Camarero y Schneider pero se habían incorporado Daniel Acuña, Miguel Lamas y Federico Novofoti. En total son más de 1700 páginas que detallan la historia de la corriente cuyo principal dirigente fue Nahuel Moreno (Hugo Bressano) entre 1943 y hasta 1971. Dificultades de todo tipo, pero sobre todo la muerte de Ernesto González al año siguiente, detuvo esa tarea, aunque dejó un material muy avanzado con la historia del PST hasta 1973. Sin duda hoy escribiríamos de otra manera y haríamos otras reflexiones sobre las mismas circunstancias porque la valoración de la historia se modifica al paso de la historia misma. Pero el análisis de los hechos y su interpretación de ese momento fue posible por la existencia de una colosal fuente de información: el Archivo del Partido.

Pensado y organizado por decisión política de Nahuel Moreno desde los orígenes mismos de su proyecto partidario, el Archivo conservó documentos internos y ajenos, periódicos propios y del trotskismo en todo el mundo, correspondencia nacional e internacional, volantes y publicaciones de propaganda política y sindical, grabaciones, videos, “minutas” e informes de Congresos y sus documentos de fusión o rupturas, fotografías, entrevistas, testimonios o debates públicos e internos, nacionales e internacionales. Allí se expresaba la vida misma de las discusiones sobre el marxismo con sus versiones trotskistas o estalinistas, la socialdemocracia, la guerrilla guevarista o del peronismo y el movimiento obrero argentino, y especialmente latinoamericano, ámbito este donde Nahuel Moreno centró la extensión internacional de su corriente. Cientos de cajas con textos y materiales que atravesaron todas las dictaduras, invulnerables a los servicios de inteligencia del Estado custodiadas por quienes arriesgaban su vida para que esa documentación se conservara sin otro propósito que mantener viva la memoria de la acción política y sus resultados. Clasificado y ordenado meticulosamente, sus cajas ocultaron de la destrucción las huellas de la construcción en todos sus aspectos.

La crisis de 2001 fue un campanazo de alerta para quienes teníamos la responsabilidad (Ernesto González y quien esto escribe), de mantener entero y vivo el Archivo, y decidimos retirarlo de un ámbito que estaba a mano de cualquiera que quisiera dañarlo o hacerlo desaparecer. Esa decisión nos costó la separación del que ya era un Nuevo MAS que nada reivindica de la vieja corriente y que poco después de autorizar la medida, resolvió desconocerla sin motivos. Nuestra decisión debió tomar otro rumbo: crear una Fundación que asumiera la responsabilidad del archivo para digitalizar el material que reunía la actividad militante entre 1942 y 1992, año de la dispersión del MAS. Esa Fundación, legalizada a mediados de 2005, la concretamos con Nora Ciapponi, Jorge Guidobono y Carlos Martínez. La llamamos Pluma, el seudónimo de León Trotsky. Poco después hicimos una convocatoria abierta a otras corrientes trotskistas (que reivindicaran la tradición de Nahuel Moreno), para poner la Fundación al servicio de un proyecto común. Tampoco fue posible. Divergencias sobre los objetivos, las tareas a realizar, los métodos de cuidado y tratamiento impidieron encontrar ese criterio común. Las rencillas de la ruptura estaban muy cerca aún y las divergencias de criterios superaron los acuerdos. Hubo que revisar nuevamente los planes. La muerte de Ernesto González en 2007 no impidió la continuación. Pluma siguió avanzando con Nora Ciapponi al frente con la fuerza y determinación que la caracterizaron siempre. Diego Arguindeguy nuevamente fue un puntal insustituible para llevar adelante el esfuerzo. El objetivo final siguió siendo el mismo: digitalizar decenas de miles de páginas de documentos y ponerlas a disposición de las nuevas generaciones de militantes revolucionarios. La Fundación Pluma finalmente logró su cometido. Nuevamente un conjunto de compañeras y compañeros hicimos lo necesario para lograrlo. Porque no tenemos dudas de que una construcción política que quiera establecer un diálogo fluido y profundo con la clase trabajadora y sus organizaciones, necesita conocer las experiencias del pasado como herramientas poderosas para encarar esa construcción.

Ernesto: tarea cumplida!!

Marcos Brito